Diálogo abierto con María Regueiro Mira

 En Desde un corazón escuchante

La semana pasada María Regueiro Mira tuvo la amabilidad de redactar una entrada en el blog en el que expuso algunos temas cruciales para llegar a hablar bien en público.

En el primer y segundo párrafos expresa lo nerviosa que se siente antes de hablar en público, la diferencia entre lo que quiere decir y lo que sale de su boca y la poca efectividad de las técnicas para superar estas situaciones.

Las estadísticas nos revelan que los mayores miedos de las personas tímidas (María ya sabe lo que opino de la timidez) arrojan el siguiente ranking: sentirse inferior a los demás 56%, las personas del sexo opuesto 64%, estar en un grupo grande 68%, los desconocidos 70% y hablar delante de un público 73%. Es decir, ese miedo a hablar en público es lo más normal. Yo mismo tuve una primera experiencia de lo más amarga como relato en este mismo blog.

Según Albert Ellis, considerado entre los mejores piscoterapeutas de la historia, el análisis de cualquier fobia vale de bien poco si nos quedamos en la reflexión y no actuamos. Ellis afirmaba que hay que ir exponiéndose poco a poco para luchar contra nuestros más profundos temores porque ellos solos no se van. Hay muchas personas que aceptan su destino asumiendo que nunca van a ser capaces de hablar en público por lo que evitarán esa situación. Otros, entre los que se sitúa María, aceptan que van a tener que hablar en público pero asumen que nunca llegarán a ser buenos oradores lo que provoca que nunca llegará a gustarles. Los terceros son aquellos que aún sufriendo primeras experiencias non gratas nos convencimos de que podíamos llegar a hacer un buen papel e incluso a disfrutar con él. Veo que he sido capaz de llevar a María al segundo nivel pero no al tercero.

En el tercer y cuarto párrafos María asume que siempre va a pasarlo mal y comenta que ha visto grandes oradores en el taller a los que les pasaba lo mismo. Creo que, en este punto, tenemos una discrepancia. Una cosa es ponerse nervioso y tener un cierto nivel de estrés que te pone a tono para dar lo mejor de ti mismo (lo que podríamos llamar nervios buenos) y otra es pasar a un estado en el que el sujeto está sufriendo tanto que únicamente piensa en huir de esa situación (nervios malos). Las primeras sensaciones las tienen y las desean, por ejemplo,  los artistas y los deportistas de competición. Las segundas sensaciones sólo las tenemos cuando queremos huir de la situación en la que nos encontramos.

Espero que María llegue a convencerse de que si es capaz de cambiar ese prejuicio que la dirige es posible que llegue a disfrutar cuando hable en público. Sinceramente, si no es capaz de cambiar ese diálogo interno no creo que logre llegar a disfrutar nunca.

María, recuerda la elección entre la profecía autocumplida o el efecto Pigmalión. Creo que estás eligiendo el camino menos divertido pero es tu elección.

Y con el último párrafo estamos completamente de acuerdo: el público es nuestro amigo, quiere que hagamos un gran papel, quiere que triunfemos y les entretengamos y ello sólo es posible si nosotros también disfrutamos pero eso ya solo depende de cada uno.

María, espero que escojas el camino que más feliz te haga.

Un besote y muchas gracias por tu artículo.

Marcelo Castelo.

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