Finales que deberías evitar al hablar en público

 En MIscelánea

En anteriores entradas hemos hablado de la importancia de un inicio impactante para apropiarnos, en los primeros veinte segundos, del diálogo interno de los oyentes. En esta publicación vamos a centrarnos en qué no deberíamos hacer en el final de nuestra conferencia.

Para el final deberíamos dejar siempre algo lo suficientemente interesante como para que ese mensaje permanezca en la mente de los oyentes y nos defina ante ellos.

En alguna otra ocasión he mencionado que para mí hablar en público es un arte escénico -algún día haré una publicación para aclarar este punto- como tal, el inicio -para captar- y el final -para inspirar, que no concluir- creo que son fundamentales.

Bajo mí punto de vista, no deberíamos acabar la presentación de las siguientes formas:

Con las preguntas. Si tienes un tiempo para preguntas utilízalo, pero que no sea lo último que hagas. Anuncia que tienes tiempo para un par de preguntas antes de poner la guinda final a la presentación. Si finalizases con preguntas el sabor de boca será el de la última respuesta y no siempre esta puede ser brillante.

Con disculpas. Diciendo cosas como “espero no haberles aburrido mucho y que este tiempo les haya servido para algo”. De ninguna manera puedes poner en duda la utilidad de tu conferencia o anunciar que ha podido ser aburrida. Para evitar ambos puntos has trabajado mucho ¿o no?

Con frases de finalización. Mensajes del estilo “y esto es todo lo que puedo contarles de este tema”, “ya no sé qué más contarles de este asunto” y lindezas semejantes dan la impresión de que hemos sido exprimidos como un limón y que ya no podemos aportar nada más en algo que, por el hecho de estar en el estrado, se suponía, hasta ese momento, que éramos unas autoridades.

De forma insulsa. Me refiero a la proyección de la clásica diapositiva con el “muchas gracias por su atención” y con los datos de contacto. Es difícil dejar una huella agradable siendo aburrido.

Abriendo nuevos conceptos. Si no te ha dado tiempo en toda la conferencia no utilices el final para esbozar nuevas ideas o conceptos que necesiten aclaración y que no podrás desarrollar adecuadamente.

Dejando el final al azar o a la inspiración. El azar es muy caprichoso por lo que no te recomiendo que lo utilices. Si caes en el pecado de la pereza acabarás pagándolo.

Utilizando algún recurso que te eclipse. Algunas personas finalizan con un vídeo impactante o incluso una foto personal -este recurso parece estar de moda- que, bajo mi punto de vista, hacen que el auditorio se olvide del ponente y del propósito de la ponencia. Yo no utilizaría ningún recurso que desenfocase, en el momento final, al auditorio de mí y del objetivo de la ponencia.

Hasta aquí lo que no deberíamos hacer. En la próxima entrada algunos hábitos que nos ayudarán a crear un final impactante

¿Se te ocurren otras formas equivocadas de cómo finalizar una presentación?

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Showing 2 comments
  • Javier

    Siempre en el clavo,.Sin error.
    El final debe ser como el primer beso. Debe dejar el suficiente buen gusto como para conseguir desear más, así como evitar cualquier desmesura, por exceso o defecto, que invite a desear el olvido o incite al recuerdo de otros pasados.
    El final, como el principio, debe dejar huella y generar recuerdo positivo.
    Gracias por sus consejos, siempre acertados.

    • mcastelor

      Javier, no sé en qué estarías pensando cuando leíste la entrada 😉 pero te agradezco los comentarios. Un saludo.

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