Hablar mucho puede matar

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William Henry Harrison fue el noveno presidente de los Estados Unidos y el primero en morir en el ejercicio de su presidencia.

No sabemos si fue el primero en ser muy dicharachero, pero si que en su caso el exceso verbal lo pagó caro.

El 4 de marzo de 1841, a la sazón el día de su toma de posesión, una tormenta trajo lluvia abundante, vientos poderosos y unas temperaturas gélidas que el buen hombre decidió afrontar con estoica tozudez y vestuario elegante, pero inadecuado para un discurso de casi dos horas en el que pronunció 8.445 palabras.

Dicen las crónicas que superados los 68 años y habiéndose esforzado tanto para llegar a su objetivo se empecinó en una loa que no le permitía ni resumir ni improvisar un cambio de tercio.

Justo un mes después, el 4 de abril, el señor Harrison fallecía por la neumonía que le había causado su locuacidad.

Lo bueno si breve dos veces bueno. ¡Y mucho más sano!

 

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