La pasión en la comunicación

 En Hábitos

El taller El secreto de la PersuaCCión siempre finaliza con la explicación de la teoría de la transición de fase en la que muestro los tres tipos de ponentes y ponencias que, a mí juicio, existen. A esas alturas del taller, los asistentes tienen el conocimiento de técnicas de comunicación y la complicidad entre ellos que les permite expresarse con libertad, por lo que, se genera un debate muy enriquecedor.

Una de las ideas que se expone en la teoría es que, para llegar a convertirse en un ponente gaseoso, es preciso aportar un plus de pasión en la presentación, lo que llevó a una de las asistentes de mi último taller a hacerme la pregunta, ¿qué pasa entonces con las personas que no son apasionadas? ¿pueden o no llegar a ser gaseosas? Dicho de otro modo, ¿pueden las personas que no aportan pasión en su comunicación dejar huella?

Si bien creo que hay personas que tienen más desarrollado el hábito de dejarse llevar por las emociones, mi respuesta, casi inmediata, fue que creía que también se puede aprender a transmitir pasión y emoción.

El sábado tuve la fortuna de vivir, en el estadio Riazor, el ascenso del Deportivo de La Coruña a primera división y mientras observaba a los presentes dejarse llevar por la euforia, recordé aquella experiencia que me hizo vivir mi amigo Antonio cuando, hace más de una década y algún lustro, me llevó a ver un partido contra el Celta de Vigo en medio de los “Riazor Blues”. Para los neófitos aclararé que los “Blues” es la hinchada más pasional del Deportivo; cuyo gran rival, es el Celta.

Antonio quería comprobar si era capaz de emocionarme de alguna manera con el fútbol. Cuando salimos del partido me confesó que había empezado a exagerar y a escenificar su simpatía por el Dépor cuando escuchó que alguno de nuestros vecinos comentaba “estos deben ser del Celta”. El comentario del vecino, parece ser, se fundamentaba en que yo no celebraba las épicas e infructuosas carreras por la banda del equipo de casa.

El pasado sábado, con todo esto en mente y rodeado de más de 30.000 enfervorizados seguidores, llegué a la conclusión de que estaba contento, bastante contento, pero que no era capaz de expresar las emociones que veía en los demás, por la sencilla razón de que no las sentía. Sentía una alegría muy alejada de la euforia o la pasión, por lo que mi cuerpo no podía representar aquello que los demás esperaban de él.

Por contra, recordé que la primera vez que había visto el muscial Mamma mía o el espectáculo Alegría del “Circo del Sol” mis bravos, aplausos y silbidos no sorprendían a los extraños, pero dejaban anonadados a los miembros presentes de mí familia, que me veían en un estado muy alejado de mi normalidad.

Entre estos recuerdos y los cánticos de los celebrantes, pensé nuevamente en la pregunta: ¿pueden las personas menos pasionales ser capaces de mostrar pasión cuando hablan en público?

Llegué a la conclusión de que quizás la pregunta no estaba bien planteada y que el problema no viene tanto de las formas como del fondo. Si no eres capaz de sentir pasión por lo que estás transmitiendo quizás, sólo es una teoría, sea porque no estás haciendo algo que te apasione. Es posible que creas que lo que haces es muy importante y necesario, pero también puede ser que no te hayas convencido de que lo que haces merezca ser hecho con tu pasión.

No pretendo que compartas la reflexión, sobre todo porque me parece un poco puñetera, pero si no eres capaz de apasionarte con lo que transmites, quizás deberías pensar porqué te sucede esto.

Para terminar, el mensaje esperanzador. Estoy seguro aunque, no plenamente convencido, que la pasión tiene más que ver con el enfoque que le damos a qué hacemos, que con qué hacemos.

Tengo dos formas de pensar en mi actividad profesional:

1. Enseño técnicas de comunicación para que las personas aprendan a hablar en público con eficacia.
2. Hago que las personas descubran que su potencial, no sólo como comunicadores, está condicionado por su diálogo interno y que cuando aprenden a tener un diálogo motivador con ellas mismas, es cuando empezamos a hablar bien ante los demás.

Con el primer enfoque enseño cosas, con el segundo creo librepensadores. Con el primer enfoque me dedico a enseñar técnicas que pueden olvidar en unos días, semanas o meses. Con el segundo intento que aprendan a reforzar su autoestima y busco cambiarles la vida para siempre. Lo primero pueden hacerlo muchas personas, lo segundo no tantas.

Hace unos párrafos ponía “estoy seguro, aunque no plenamente convencido”; bonita contradicción, que merece aclaración. Estoy seguro de que si quieres de verdad apasionarte con lo que haces, puedes lograr el enfoque que te permita conseguirlo. Pero no estoy plenamente convencido, porque creo que si lo que estás haciendo no te llena de verdad, no vas a hacer el esfuerzo necesario para buscar y encontrar dicho enfoque y, por lo tanto, no hayarás la pasión.

En todo caso, creo que la pasión, no siempre surge sin más, por generación espontánea. Casi siempre hay que ir a por ella, hay que trabajarla. Cuando la encuentras, cuando la alcanzas, has encontrado un tesoro para toda la vida.

Y para finalizar, una última pregunta ¿Crees que alguno de los actuales dirigentes políticos destila pasión en sus mensajes? Pues lo mismo que tú eres capaz de detectarlo en los demás, los demás somos capaces de detectarlo en ti.

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Aquí puedes expresar tus pasiones.

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