Los siete pecados capitales para hablar en público

 En Hábitos

 Si en la entrada previa nos centrábamos en los hábitos que deberíamos desarrollar para lograr hacer presentaciones con impacto, en este artículo lo haremos en los errores que, bajo mí punto de vista, no deberíamos cometer si queremos dejar un impacto positivo en nuestros oyentes. Son los siete pecados capitales para hablar en público.

  • Pereza. Sí no vas a poder preparar a conciencia y en todos sus aspectos tu presentación, no la aceptes. Antes de aceptar el compromiso de ponerte ante un auditorio piensa muy bien cuánto estás dispuesto a invertir de ti mismo. Una vez has aceptado toda la responsabilidad recaerá sobre ti por lo que no intentes excusarte ante tus oyentes con imprevistos, falta de tiempo o cualquier otro lamento que a nadie importa y que, en contra de la creencia popular, no logra el perdón de los oyentes, sino todo lo contrario; muchas veces sólo conseguimos la antipatía por anticipado.
  • Lujuria. Muchos ponentes creen que tienen que aprovechar la oportunidad para dejar claro lo mucho que saben del tema central y de todos los tangenciales o cercanos al mismo, por lo que bombardean al público con mil y una ideas, con el único objetivo de dejar patente que su dominio es el de un experto. La lujuria intelectual es, además de pedante y aburrida, un error porque el auditorio desconecta tan pronto detecta al lujurioso.
  • Gula. Ya que el PowerPoint, Keynote, Prezi o programa de presentaciones que utilicemos tiene tantos efectos interesantes, no vamos a dejar de utilizarlos todos para que quede muy claro que somos unos virtuosos de la tecnología. Además, el uso de estos recursos hacen más divertida la ponencia; los oyentes pueden hacer porras con respecto a cuál será el próximo efecto. La gula tecnológica es un buen sistema para torpedear nosotros mismos nuestra presentación.
  • Ira. Sólo hay una cosa que puede conseguir que te granjees la antipatía de la organización, del resto de los ponentes y del auditorio; no respetar el tiempo que te han asignado. Es una falta de respeto y de educación para todos los que están en la sala. Además, -de esto pocos ponentes toman conciencia-,  es la constatación de que no has preparado bien la presentación; si lo hubieras hecho la habrías ajustado para el tiempo que te asignaron. He visto charlas de afamados ponentes, gurús encumbrados, que caen en el onanismo escénico con desvergüenza e impudicia. Personalmente creo que hay cosas que, mejor en la intimidad.
  • Envidia. Todos hemos visto ponentes que han desarrollado una habilidad concreta para conseguir movilizar al auditorio en algún sentido; risa, sorpresa, intriga, polémica, interactuación con los oyentes. A mí me dicen que destaco en la transmisión emocional y la empatía. El pecado de la envidia surge cuando intentas utilizar recursos que no has trabajado convenientemente, sólo porque has visto que a otros les funcionan. Tienes que contar con que al que le funcionan es porque le ha dedicado muchas horas y si tú no se las has dedicado, te verás explicando el chiste ante los cientos de ojos que te estén mirando en ese momento.
  • Avaricia. Tenemos muy poco tiempo para decir muchas cosas, por lo que en nuestra presentación nos saltaremos las comas, los puntos y cualquier elemento ortográfico que provoque que tenga que pararme. Es el horror vacui oral. Hablando en público: los silencios, como ya hemos dicho en otro artículo, son de los valientes.
  • Soberbia. Yo tengo una conferencia muy chula y currada, con unas proyecciones, unos gags y un contenido muy depurado por lo que este es mí carrete y yo lo revelo de igual forma ante un comando de boinas verdes, la asociación de amas de casa presbiterianas o los miembros del ilustre claustro de maestros cerveceros. El pecado de la soberbia se manifiesta cuando yo, representante de alguna deidad transgaláctica en la Tierra, decido lo que conviene al público, sin preocuparme lo más mínimo por entender sus antecedentes, sus motivaciones, sus intereses e inquietudes sobre el tema en cuestión.

Para no hacer pesado este artículo, en entradas posteriores iremos profundizando en alguno de los pecados. Aunque, pensándolo bien, caer en los siete pecados capitales para hablar en público también es una buena manera de crear impacto en la audiencia.

 

¿Qué pecado es, para ti, el más grave? ¿y el menos pecado?

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